Por Si Estaban Con El Pendiente / Quetzalli Carolina Vázquez
El miércoles pasado el #OPLE #Veracruz difundió una fotografía con motivo de la toma de protesta de los representantes de los nuevos partidos políticos.
A simple vista podría parecer una imagen de renovación política: nuevas siglas, nuevas alternativas y nuevas opciones para los ciudadanos.
Pero basta observar quiénes aparecen ahí para descubrir que la novedad está en los nombres de los partidos, no en los personajes que los representan.
Uno de ellos es Osvaldo Villalobos Mendoza, representante del Partido Veracruzano Antipopulista, organización identificada políticamente con el expriista y actual diputado local Héctor Yunes.
Y es precisamente ahí donde surge una pregunta inevitable: cuando un partido se presenta como una nueva alternativa, ¿no debería revisarse también la trayectoria de quienes hablan en su nombre?
En el caso de Villalobos existe un antecedente público imposible de ignorar.
En 2014 ocupó la Dirección Ejecutiva del Servicio Profesional Electoral del entonces Instituto Electoral Veracruzano (IEV), uno de los cargos más relevantes dentro del organismo responsable de organizar elecciones en el estado.
Su nombramiento terminó convertido en escándalo cuando una nota periodística difundida a través de la Agencia de Noticias Comunica Networks exhibió que no cumplía con los requisitos legales para desempeñar el cargo.
La información fue pública, documentada y ampliamente difundida; el propio IEV lo separó del puesto mientras representantes partidistas exigían sanciones para quienes permitieron aquella designación.
Tengo muy presente aquel episodio, no sólo porque fui quien documentó periodísticamente las irregularidades en aquel nombramiento, sino porque fue de los episodios más complicados de mi vida laboral y dónde me dejaron claro que hacer periodismo crítico implica riesgos.
Y es que, tras la publicación de aquella información comenzaron episodios extraños que aún recuerdo: personas observando fuera de mi domicilio, rostros que aparecían repetidamente en distintos lugares y situaciones que, para mí, fueron interpretadas como intentos de presión.
Nunca comprobé quién estaba detrás de aquello; ese episodio terminó sin algo grave que lamentar y seguí en lo mío: investigando y publicando información de interés público, dando voz a quienes no la tienen.
La misma fotografía del OPLE muestra también a Celso Pulido Santiago como representante de Somos México.
Otro nombre conocido dentro de la política veracruzana por haber sido presidente estatal del PRD, diputado, funcionario publico y otro ejemplo de cómo los llamados nuevos partidos suelen estar acompañados por figuras que llevan décadas participando en la vida pública.
Al verlo en la fotografía recordé una llamada telefónica que recibí hace años, después de la publicación de información que al entonces dirigente estatal del PRD le resultó incómoda.
Recuerdo perfectamente la frase: «Arrieros somos y en el camino andamos Carolina».
Han pasado los años y, de alguna manera, el camino volvió a cruzarnos.
Nunca he tenido una diferencia personal con Celso Pulido; de hecho, siempre mantuvimos una relación profesional cordial, respondía mis llamadas, concedía entrevistas y existía una comunicación respetuosa propia del trabajo periodístico.
Precisamente por eso vale la pena hacer una aclaración: el periodismo no existe para proteger carreras políticas ni para cuidar sensibilidades, su función es fiscalizar al poder, documentar y exhibir hechos y formular preguntas incómodas cuando es necesario.
La discusión, sin embargo, no debe centrarse en Celso Pulido ni en Osvaldo Villalobos como individuos, sino en lo que representan.
Porque detrás de varios de los nuevos partidos aparecen viejas estructuras políticas, antiguos operadores y grupos que han sobrevivido a cada cambio de gobierno, adaptándose a las nuevas circunstancias sin abandonar los espacios de poder.
El caso del Partido Veracruzano Antipopulista resulta particularmente ilustrativo.
Antes existió Todos por Veracruz, partido local en el que también participó Osvaldo Villalobos como representante ante el OPLE y que fue identificado como un proyecto cercano a Héctor Yunes.
Aquella organización desapareció al no alcanzar el tres por ciento de la votación exigido por la ley para conservar el registro; es decir: recibió financiamiento público, tuvo prerrogativas y representación política, pero no logró convencer al electorado.
Hoy la historia parece intentar repetirse con otro nombre y
precisamente por eso resulta indispensable hablar del dinero.
El OPLE aprobó una bolsa de más de 10 millones de pesos para los dos nuevos partidos locales de Veracruz durante el segundo semestre de 2026, dinero proveniente de recursos públicos que serán destinados a organizaciones que se presentan como nuevas alternativas políticas.
A ello se suman los nuevos partidos nacionales acreditados ante las autoridades electorales, entre ellos Somos México y PAZ, que también tendrán acceso a financiamiento público y prerrogativas.
Los ciudadanos tienen derecho a preguntarse quiénes representan a estas organizaciones porque al escuchar “nuevo partido” la gente espera nuevas ideas, nuevos liderazgos y nuevas prácticas políticas, no necesariamente los mismos actores reapareciendo bajo una nueva franquicia electoral.
La fotografía difundida por el OPLE deja una conclusión difícil de ignorar.
Los partidos podrán ser nuevos pero muchos de los personajes sentados hoy a la mesa son exactamente los mismos que Veracruz ha visto durante años: políticos, operadores y grupos que cambian de siglas, de colores y de discurso, mientras intentan convencer a los ciudadanos de que ahora representan algo distinto.
La pregunta es si los veracruzanos todavía están dispuestos a creerlo; porque si la fotografía del OPLE sirve para algo, es para recordar que en política no siempre lo nuevo es realmente nuevo.
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