¿Cuándo las redes sociales adquirieron un significado tan especial para los políticos?

A riesgo de equivocarme, Barack Obama pudiera hablar de ello mejor que muchos.

Su campaña convirtió las redes sociales en algo más que un espacio para subir la foto del candidato abrazando viejitas, cargando niños o comiéndose un taco con demasiada salsa para demostrar que es pueblo.

En aquellos tiempos, tener más de dos millones de seguidores en Facebook era una barbaridad. Eran los inicios de la política en redes sociales. Hoy, esas cifras ya fueron pulverizadas.

La presidenta Claudia Sheinbaum, por citar un ejemplo, supera los nueve millones de seguidores tan sólo en TikTok.

En Veracruz, Polo Deschamps encontró otra veta. Ya no era el informe de labores del alcalde, el banderazo de obra ni la fotografía revisando un bache con cara de preocupación. Era el padre conviviendo con sus hijos. Lo cotidiano. Lo doméstico. Lo que cualquier especialista en comunicación quizás hubiera descartado por “poco político” terminó dándole reflectores nacionales y llevándolo a rozar los 300 mil seguidores.

Las redes cambiaron las reglas.

Y si hablamos de políticos convertidos en fenómenos digitales, Pepín Ruiz es, por lo menos en Veracruz, un personaje digno de estudio:

Cinco millones de seguidores. Sí. Cinco millones.

Y antes de que empiecen los expertos de café, teclado y algoritmo, vamos poniendo sobre la mesa los argumentos en contra.

Primero: Los likes no son votos.

De acuerdo.

Segundo: Es evidente que esos cinco millones de seguidores no viven todos en Veracruz, Boca del Río, Medellín o en la zona conurbada. También de acuerdo.

Ya despejado eso, vamos al otro lado de la cancha.

Primera línea a favor:

La influencia de Pepín Ruiz sobre cinco millones de personas tendría que analizarse geográficamente. Saber dónde están, qué edades tienen, qué consumen y desde qué municipios interactúan. Eso ya es tarea del webmaster, del estratega digital o del muchacho que sí entiende esas gráficas que los políticos miran fijamente fingiendo que comprenden.

Segunda línea a favor:

No tengo duda de que un número importante de esos seguidores se encuentra en Veracruz y particularmente en la zona conurbada.

Tercera:

Si Pepín quisiera participar como candidato en las elecciones de 2027, su condición de influencer y político ampliaría considerablemente sus posibilidades.

Pero hay una cuarta línea a favor. Y quizás sea la más poderosa. Por encima de Morena. Por encima de la política. Por encima del algoritmo y de los cinco millones de followers.

Pepín es identificado por muchos porteños y habitantes de la zona conurbada como una persona altruista. Buena. Noble.  Solidaria. O use usted el adjetivo que quiera para describir a alguien de quien se dice: “Ese cuate te echa la mano”.

Conste: No dije político. No dije influencer. Quizás algunos ni siquiera lo identifiquen como morenista. Lo identifican por ayudar.

Y en política, aunque parezca increíble, todavía hay atributos que no se pueden fabricar con un reel de treinta segundos ni comprando publicidad segmentada.

Ahora bien, si Pepín Ruiz decidiera participar en 2027, ya fuera por una diputación local o federal, se pudiera pensar que tiene prácticamente todo para intentarlo, además de cinco millones de seguidores.

Pero imaginemos que no tiene interés en aparecer en una boleta. Aun así, pudiera convertirse en un activo importante para Morena en la suma de voluntades alrededor de sus candidatos y candidatas en la zona conurbada. Porque para Morena, el objetivo de 2027 no tendría que ser solamente ganar curules. Tendría que ganarlas de manera contundente. Sin dudas. Sin matemáticas electorales creativas. Sin aquello de “ganamos porque perdimos menos”. El reto sería dejar constancia de dos cosas:

Que Morena sigue siendo el partido mayoritario en Veracruz y que el trabajo de Rocío Nahle convence al electorado. Para eso se necesitan candidatos. Estructuras. Operación política. Territorio. Pero tampoco estorba tener cerca a alguien capaz de hablarle, desde una pantalla, a cinco millones de personas.

Porque sí:

Los likes no son votos pero cinco millones de personas mirando hacia el mismo lugar tampoco son cualquier cosa.